Tuesday, January 17, 2012

Deleuze y el corte de chaleco

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Retomo el hilo al mismo tiempo que conjuro la metáfora del bordado. Y lo hago así, de manera tentativa, porque en mi experiencia el blog es más bien una serie de retazos: la proverbial gaveta polvosa del sastre, repleta de diseños para un vestido que la Ariadne nunca compró.

En mi experiencia, escribir en un blog, o más bien la actividad de construir un blog ha estado siempre ligada a la interrogación sobre que precisamente es un blog. En el intersticio delicado entre lo privado y lo público el blog se interroga, a veces solipsista, a veces con el armamentario aguerrido (o la pose del aguerrido) con la cual enfrenta las vicisitudes de la res publica. Por lo que concluyo que este blog es más bien varios blogs, no tiene identidad y es sobre su variedad polisémica, policostumbrista que se sostiene: no tiene domicilio, su alambrado es público.

***

Pero aparto este cáliz que huele ofensivamente a metabloguismo para adentrarme en las reflexiones que me llevaron a este ‘punto de retorno.’

Ensimismado en el movimiento de El nacimiento de la tragedia de Nietzsche llegué a toparme con la Diferencia y repetición de Gilles Deleuze, libro no apto para menores que enarbola la bandera de la diferencia en oposición a una Historia de la Filosofia en la que Deleuze lee los bochornos obsesivos de la Identidad. En vez, de la realidad del cogito de Descartes, Deleuze habla sobre el exceso de lo virtual vis a vis sus actualizaciones.

Lo virtual para Deleuze no es la noción chabacana de una realidad digital tipo The Matrix o Matrix Reloaded. Es más bien aquél campo mental repleto de posibilidades, de variedades e intensidades infinitas. Por definición, lo virtual es infinitamente más variado que la realidad y es precisamente esta infinidad de diferencias que la identidad opaca y suprime.

En “El jardín de senderos que se bifurcan” Borges recrea la posibilidad de una novela en la cual los hechos no suceden—como suelen suceder en la ficción—de manera lineal, un episodio después de otro. En esta novela infinita el protagonista no toma un camino predeterminado, ignorando al otro, o abre una puerta y cierra la otra. En la novela descrita en el relato de Borges todas las combinaciones ocurren, el personaje toma todos los senderos, todas la puertas permanecen abiertas y cerradas, dando lugar a una novela de posibilidades infinitas.

En Diferencia y repetición, Deleuze usa el ejemplo de “El jardín de senderos que se bifurcan” para conceptualizar este espacio virtual que se asemeja a un entramado de multitudes. Sin embargo, me parece que es posible identificar este croquis virtual y multi-direccional en relatos que a simple vista operan en la lógica rígida de sucesiones que caracterizan a la ficción tradicional. En el caso de Borges, un cuento como “El Sur” tipifica la estructura arborescente que desvirtua las posibilidades de el relato infinito. Si bien es cierto que la muerte de Juan Dahlman en un duelo de cuchillos es el sueño halucinatorio del convalesciente, todo el cuento se concentra en este punto del destino final; un destino marcado por la genealogía familiar del protagonista.

Es decir, la conclusión del cuento—la muerte de Juan Dahlmann—es el punto de articulación del cuento. La flecha de la muerte anuncia la progresión lineal y trágica del cuento. “El tiempo,” escribe Deleuze, “ vacío y fuera de sus casillas, con su rigor formalista y su orden estático, su unidad destructora y sus series irreversibles, es precisamente la pulsión de la muerte” (111). No obstante, Deleuze es crítico de esta noción Freudiana que une la pulsión de la muerte (Thanatos) con la negatividad Hegeliana y propone más bien el concepto de la muerte como una presencia constante en el ser viviente. Para Deleuze, “la muerte no aparece en el modelo objetivo de una materia indiferente a la cual los seres vivientes ‘regresan’; está presente en los vivos en una experiencia subjectiva y diferenciada dotada de su prototipo" (112).


Y es precisamente este concepto del “prototipo de la muerte” el cual leo en los cuentos violentos de Los monos de San Telmo de Lizandro Chávez Alfaro. En el último cuento, “Corte de chaleco” el narrador nos otorga la experiencia doméstica de “Pedro Altamirano (Pedrón en toda la Segovia),” soldado del Ejercito Defensor de la Soberanía Nacional de Augusto C. Sandino y combatiente de la invasión Yankee en el territorio nicaragüense (1912 – 1933). Altamirano llega quedito del campo de batalla hasta su chozita en la selva, para visitar a Estela, su esposa, y a sus dos hijas. “Ya soy general,” le dice a su señora lleno de orgullo y le enseña el documento de su designación. La mujer queda viendo el sello oficial del Ejercito Defensor: 

Acercó los ojos al papel para distinguir los detalles del sello que sostenía la firma. Había un hombre de patillas largas y espeso bigote, con un gran sombrero de copa alta y aguda. (“Es Pedro,” se dijo. Hizo una pausa para tomar un poco del aire atigrado que llenaba el cuarto.) Doblado sobre el enemigo caído de espalda entre unas rayas que eran yerbas, el hombre le sujetaba el pecho con un pie descalzo, con una mano los cabellos y en la otra sostenía un machete más largo que el brazo con que los sostenía. Las polainas del que estaba caído eran las mismas que había visto en las piernas de los Infantes de Marina, y hasta vio que la tinta morada se volvía rubia en el lugar de los cabellos del extranjero. Al fondo estaban las montañas, piramidales y oscuras.

Unas cuantas páginas después, el narrador describe el asesinato de Estela por los sanguinarios marines y sus mercenarios:

Fueron dos tajos para el cuello. La cabeza desprendida saltó hacia delante en una súbita, ineluctable ansia de morder al teniente. Otros dos separaron los brazos del tórax. Atardecía. Sobre el pecho de Estela fueron cayendo, deslizándose sin prisa, los espesos hilos rojizos que al cruzarse tejían la prenda, bastante más larga que un chaleco, un poco más gruesa que una cota de oro espumoso, de alto quilataje.

Se percibe un movimiento grotesco que oscila entre el nombre de Estela y la descripción de sus miembros cercenados como una prenda de vestir. ¿Es o no es Estela? Es un miasma de piel y de sangre embadurnada de tierra más alla de la palabra ‘muerte.’ La pulsión de la muerte anida en los vivos, es ese “aire atigrado” que funciona como el prototipo de una respuesta a una pregunta repleta de tonalidades virtuales.

Friday, September 30, 2011

Adiós, Reina del Cielo

Me había impuesto el dia de hoy como fecha limite para escribir unas cuantas palabras sobre La Fugitiva (2011), la novela más reciente de Sergio Ramírez. En síntesis, pretendía establecer un marco cronológico y otro comparativo. El primero me iba permitir analizar la obra narrativa del ex-vice-presidente, enfocándome en sus novelas paradigmáticas, como Te dio miedo la sangre y Margarita, esta linda la mar, para luego pasar a su obras más recientes como la novela policíaca El cielo llora por mi. Me parece que esta ultima obra, urbana, sangrienta y coyuntural, es una de sus mejores. Es más, el titulo del primer capitulo es el mismo que encabeza esta nota.

El segundo marco--el comparativo--pretendía establecer una relación entre La Fugitiva y Blanco nocturno (2010), la novela más reciente del argentino Ricardo Piglia. Sin lugar a dudas el 2011 ha sido un excelente año para ambos escritores. La novela de Ramírez--basada en la vida real de la costarricense Amanda Solano--ha recibido mucha atención entre los literatti hispanoamericanos. Es más, hace algunas semanas el nicaragüense fue galardonado con el premio José Donoso por su trayectoria literaria. Por su parte la novela de Piglia--relato híbrido entre lo policíaco y el policostumbrismo de la pampa--fue merecedora del Premio Rómulo Gallegos. Así pues, en la narrativa latinoamericana contemporánea el 2011 ha sido el año de Ricardo y de Sergio.

Les prometo que hubiera sido una nota interesantisima, pero tendrán que imaginársela. Habría hablado sobre los juego meta-literarios en La fugitiva, luego sobre la profusión del vernáculo argentino en Blanco nocturno (bombacha, bataraz, rebencazo, lunfardo) y luego habría terminado con un esbozo que subrepticiamente borraría las diferencias entre ambos autores y resaltaría sus similitudes. En las palabras de Piglia, como todo buen narrador, guardaría silencio y me saltaría los nexos.

Cierro pues con el fantasma de una nota posible este mes de Septiembre. Igualmente se acaba el Festival de Blogs, iniciativa que a todas luces ha sido un gran éxito, ya que ha fomentado la conversación entre esa raza de seres misántropos e imposibles: los blogueros. La iniciativa tenia como tema central la migración, y yo, como paria conseutudinario en el Imperio que envejece, me permito este pepenar aleatorio que oscila entre la actitud de la conciencia y la conciencia de la actitud.

Friday, September 16, 2011

La calavera bajo la piel

Luis Báez. El patio de los murciélagos. San José: Uruk Editores, 2010. 128 págs.

"Y árboles postes espectros cruzaban
las anaranjadas entrañas
de la ceguera."
- Carlos Martínez Rivas, Los testigos oculares

                                                                   
Es imposible enumerar las ideas que centellean en la mente de un lector ensimismado. Las palabras impresas llegan como sombras a las irises para luego reconstruirse—con la materia gris—en algo que acongojados podríamos llamar la “experiencia literaria.” Es una experiencia que ocasiona asombro o extrañeza [ostranenie], que se nos presenta total e inevitable, pero que es más bien incompleta, cercenada—siempre furtiva, como roedores alados en la noche. Todo esto revoloteaba en mi cráneo mientras leía El patio de los murciélagos—opera prima de Luis Báez (Managua, 1986). Leía en una biblioteca subterránea, un ambiente lúgubre, gélido y cavernoso que me hacia añorar la luz del trópico y las playas del pacifico nicaragüense.

La colección de cuentos de Báez sucede en un mundo que se parece a Nicaragua, pero que es más bien el reflejo de la otredad nicaragüense, el negativo fotográfico que nos espanta y que a diario escondemos en el subconsciente colectivo. En el cuento inaugural "La manada," Báez enmarca la nueva realidad de la juventud de Managua: "Una dinámica automática e inconsciente que me hacía ir de mi casa a mi trabajo en un call center, del trabajo a la casa, del trabajo a un bar, del trabajo a una disco, de la disco a la casa, de la casa al trabajo." Pero el protagonista del cuento tiene acceso a lo que se esconde detrás de esta rutina Sísifeana, tiene acceso a "la manada," un grupúsculo de seres salvajes que viven en los alrededores de la laguna de Tiscapa, vigilados por la sombra de Sandino y el recuerdo del "Lomazo." Pero lo que revela este primer cuento es que todos los habitantes de Managua son parte de "la manada." Luego de parar a un taxi el protagonista atrapa su reflejo en la ventana y descubre "la piel renegrida y hendida en dos cuencas profundas, lamiendo la calavera; por un segundo ojos de loco. La maraña de pelo con las formas del viento."

Managua, la metropolis subdesarrollada, es presentada como un ambiente opresivo que repela a sus habitantes. En "Julio1:9" Báez abre una hendidura en la historia reciente presentándonos a Alexis, el alcalde de la metropolis, encerrado en su bóveda de calcio, prisionero de sus recuerdos y de su historia. El mar, la arena y la brisa, en fin las ilusiones tropicales se convierten en una forma de escape para los protagonistas de "Relato sobre papel de arroz." Pero para estos jóvenes capitalinos el viaje al mar se convierte en una pesadilla compartida. Lo macabro y lo grotesco llegan hasta las playas de La Boquita y Casares en la figura de de un loco, "el mero diablo," con una sonrisa que es más bien un "enjambre de arrugas por todo su rostro." Báez ha creado un espacio multiforme, construido de diversos cuentos y retazos, en el que los espectros y monstruosidades de "la manada" vagan a lo ancho y largo no solo de la geografía, sino del devenir y la historia nicaragüense. "La manada" se encuentra hasta en las montañas del norte de país, rodeados de la violencia intestina de los años ochenta. Un soldado nos describe su encuentro con su otredad, con lo animal, es decir, con lo humano:

Yo bajé el arma, no sé porque jodidos bajé el arma. Sus rostro eran brutales, sanguinarios, se reían como calaveras, como mi propia calavera. Eso era, su esqueleto brillando a través de sus labios

Leía El patio de los murciélagos en el gélido sótano de la biblioteca, recortando y recordando ls retazos de mi propia memoria. Las pinceladas tenebrosas de Baéz me hicieron recordar una frase de T.S. Eliot sobre la pluma macabra de John Webster, el dramaturgo inglés del siglo XVII. Para Eliot, la grandeza de Webster se debía a su habilidad de poder ver "la calavera bajo la piel" de sus personajes, como las calaveras que flotan en el horizonte de estos cuentos. Luego viré hacia recuerdos nostálgicos y recree los paisajes que amenazan el entorno de estos relatos. Son historias sobre traumas personales entrelazadas con las heridas que nunca sanan, las que sobreviven en la realidad como espectros y monstruos. Como los sobrevivientes históricos de una catástrofe que nunca terminará.

Friday, September 2, 2011

Los atributos támbien lloran

Javier González Blandino. Historia vertical. Managua: Leteo ediciones, 2011. 157 págs.

En términos estrictamente genéricos Historia vertical—primogénito libro de Javier González Blandino (La Paz Centro, León, 1984)—es una colección de cuentos o relatos cortos. Pero yo diría que el debut de Blandino es otra cosa. Si tuviera que describírselo a un broder le diría que es como un étagère o estantería; una estructura compuesta de tramos para poner y/o exhibir cualquier adorno, quizás un incensario en la parte superior, una candela color ámbar rodeada de libros (Vallejo, Blanchot, Martínez Rivas) y fotos marchitas u objetos varios en los anaqueles restantes. Historia vertical está compuesto de gradientes sumamente variadas. Los cuentos se van compactando el uno sobre el otro a través de retazos, gestos, voces y atributos que se van acumulando como granos de arena en un tubo de ensayo.

 Con el primer cuento, “Primitivo,” el narrador nos invita a un mundo aparentemente familiar: la Nicaragua rural, implacable y empobrecida. El campesino Avelino se despierta y se queda “contemplando la oscuridad de su cuarto humedecida por el sereno.” Luego de leer esta frase que queda levitando en el horizonte trágico del relato escribí “¿Rulfo, Quiroga?” Pero luego de terminar todos los cuentos taché esta marginalia precipitada. Porque la multitud de voces, la atención al estilo, la importancia de las superficies, la mescolanza de coloquialismos, en fin, todos los elementos que delimitan lo que de manera antojadiza he llamado policostumbrismo, me hacen pensar que Blandino ha cocinado algo suculento y novedoso.

 En “Don Pedro Pablo,” el narrador nos ofrece las mentiras de un viejo dicharachero e inca-la-perra. El relato tiene una superficie humorística, pero si apartamos la neblina de pura jodedera notamos que queda algo suspenso en el albur indómito de un viejito que probablemente esté empezando a caer en su senectud. Las caballadas de “Don Pedro” revelan la ironía, y por qué no, la perversidad, tristeza y hasta los limites de ese atributo tan irremediablemente nicaragüense: la ocurrencia.

Y es que, sobre todas las cosas, en Historia vertical Blandino nos regala una verdadera danza de frases, gestos y atributos decidores. El pulpero condescendiente que llama a la niña distraída:
“…shht, niña, tomá muchachita… Le dice a su mamita que el Martes es quince, ¿oyó?”
La mujer que llega penqueada al Centro asistencial, y que luego de revelar a la doctora sus moretones defiende a su verdugo:
“Me golpea por resentimiento viejo, pero sólo cuando está buenisano, borracho se pone a llorar y me pide disculpas. Cuatro—en un esputo hacia la puerta.”
La mujer herida sale de la escena. Antes, el narrador nos había reportado que “un acceso de tos” acompaña a la mujer hasta la puerta. Ahora la mujer moreteada abandona la clínica acarreando sus bronquios inflamados, su íntima flema sanguinolenta, su tos que la delata. En uno de los últimos relatos vuelven a hablar los atributos. El Dr. Joao Cardozo le contesta a su alumna “junto con su calvicie.” Hablan más nuestros cuerpos que nosotros. En Historia vertical son los cuerpos y los atributos los que hablan—gritan, gimen, lloran—hasta por los codos.

Tuesday, August 30, 2011

Chimbomba de hule en la boca de un niño

Daniel Rodríguez Moya (editor). La poesía del siglo XX en Nicaragua. Madrid: Visor libros, 2010. 534 págs.

El mal que nos hiciste, ¡oh maestro!
Porque en tus filosofías de culebra
guindadas de unas ramas nos dejaste tus mudas
Que vistieron después los papanatas.

El anterior epígrafe es creación de Manolo Cuadra, quien junto a José Coronel Urtecho, Luis Alberto Cabrales y Joaquín Pasos, entre otros, formó parte del denominado Movimiento de Vanguardia nicaragüense (1925-1932). Cuadra murió joven, habiendo publicado solamente una colección de poemas, pero sus versos—tomados de su irónica oda “A don Rubén Darío”—galvanizan el problema central de una generación que deseaba tomar distancia del modernismo y sus excesos. El problema dariano es añejo en la literatura nicaragüense aunque notablemente relevante, ya que la figura canónica de Darío—su sombra y su vórtice—presenta, por decirlo así, una seria de complicaciones. En las palabras del propio Coronel Urtecho, la Vanguardia buscaba “ser irrespetuosa con los cisnes.”

Por lo que no sorprende que en la nueva antología de Visor Libros, La poesía del siglo XX en Nicaragua, el editor Daniel Rodríguez Moya haya decidido incluir solamente seis poemas de Darío, particularmente los más famosos y representativos de su obra. Es una decisión difícil y problemática pero en última instancia loable. La elaboración y negociación de una antología, en este caso una antología nacional, es similar a los de una decisión catastral: el espacio es limitado y es necesario construir un gran panorama del quehacer poético de todo un siglo.† Por suerte la decisión editorial de Rodríguez Moya reserva espacios para poetas menos conocidos como Manolo Cuadra y Alberto Cabrales, creando así un panorama más o menos completo de la reacción anti-dariana. Igualmente laudable es la decisión de dejar espacios para la poesía femenina, con selecciones de Vidaluz Meneses, Blanca Castellón y Gloria Gabuardi y de incluir a voces mas jóvenes, como es el caso del recién fallecido Francisco Ruiz Udiel (1977-2010) y Carlos Fonseca Grigsby (1988). En el último poema de la antología, Grigsby promulga un exordio dariano:

Yo poeta, en este siglo de sombras—
Yo, que soy verbo ebrio en movimiento—
destino errante:
con un destino de sombra
y un errante de luz.


Es una feliz coincidencia que el poema de Grigsby se titule “Lo que en el diario no cabe,” ya que lo que no cabe—lo cabido y lo indebido—es el problema central de toda antología. Como parte de la colección de poesía hispanoamericana ‘La Estafeta del Viento,’ el proyecto de Rodríguez Moya está sumamente ligado a lo representativo de la poesía nicaragüense. Sería fácil sugerir, por ejemplo, una selección mas atípica de la obra de Darío, pero la colección desea establecer una lógica definida y la reverberación del lenguaje modernista es uno de sus parámetros críticos. Como nos explica nuestro editor:
Este trabajo pretende ofrecer ni más ni menos que una selección de la obra de casi una treintena de poetas nicaragüenses a partir de Rubén Darío hasta llegar a los mas jóvenes que empiezan ahora a buscar su huecos dentro de su propia tradición.
Esta última selección de poetas jóvenes es denominada la generación del desasosiego‡, agrupación que parece no encajar en la tradición pero que al mismo tiempo dialoga con sus antecedentes en la poesía nicaragüense. Si Darío presenta el elemento estético y cultural ineludible, la complicada historia política y social del país marca la trayectoria poética en la segunda mitad del siglo XX. Sorprende, por ejemplo la gradual compenetración del quehacer poético y el compromiso social en figuras como Ernesto Cardenal y Claribel Alegría y la elaboración de un mito nacionalista, rural y conservador en la poesía de Pablo Antonio Cuadra. Pero la verdadera sorpresa de esta nueva antología es la selección de poetas menos conocidos afuera de Nicaragua, como es el caso de Joaquín Pasos, quien como el antes citado Manolo Cuadra, murió prematuramente tras una larga enfermedad. En “Grande poema del amor fuerte,” nos ofrece el espíritu refrescante del joven enamorado:

Por la calle, yo llevo mi amor como una
faldera,
amarrada del pescuezo por un hilo,
y ella se abraza a la calle
y dibuja la silueta del terreno.

Crece, crece, pompita de jabón.
Jocote en la punta de una rama madura,
botella del vidriero,
chimbomba de hule en la boca de un niño.


Pasos fue miembro fundador del Movimiento de Vanguardia, pero sus versos resaltan por su extrañeza sinestésica así como por el tono trágico característico de sus poemas, entre ellos su largo “Canto de guerra de las cosas.” Pasos vendría a ser una de las voces alternativas a la línea de corte exteriorista de Coronel Urtecho y Ernesto Cardenal y se convertiría en la inspiración del poeta que no quería ser poeta; el poeta huraño: Carlos Martínez Rivas.

En su “Canto fúnebre a la muerte de Joaquín Pasos,” Martínez Rivas destila la irónica posición del poeta entre el individualismo y la colectividad:

Una mañana te llevaron a una peluquería, en
donde
te sentaron muy serio, y todo el tiempo
te portaste como un caballerito
y bromearon contigo los clientes. Todo esto
mientras te cortaban los bucles y te hacían
parecer tan distinto.


Misántropo y desconfiado del mercado poético, Martínez Rivas publicó solamente dos poemarios a lo largo de su vida y no fue sino hasta hace unos pocos años que se logró recopilar su Poesía reunida (2007). Pero además de resumir el dilema existencial del poeta, los versos de Martínez Rivas también describen la problemática del antólogo: ¿Cómo cortar los bucles de un corpus nacional sin sacrificar la variedad y calidad del corte? Si bien la antología de referencia—la cual Rodríguez Moya elogia en su introducción—sigue siendo la edición de Julio Valle-Castillo, El siglo de la poesía en Nicaragua (2005), sus cuatro volúmenes no permiten la satisfacción de notar los cambios paradigmáticos en la poesía más representativa del siglo. Construida como una exposición de la variedad de la poesía nicaragüense, la antología de Rodríguez Moya logra su cometido. La congregación de estas 28 voces presentan una muestra pequeña y sucinta de lo que significó hacer poesía en la Nicaragua del siglo XX; un quehacer mejor descrito en el famoso axioma de Martínez Rivas: “Hacer un poema era planear un crimen perfecto.”

†Para un análisis incisivo de las antologías poéticas y su lugar en el quehacer literario nicaragüense veáse Las Antologías y el Problema del Texto Emblemático de Leonel Delgado Aburto.

‡Este nombre generacional fue acuñado por la escritora nicaragüense Gioconda Belli. Me parece que el nombre amerita revisión y por mi parte prefiero el mote de generación apocalíptica.

Reseña publicada en El Roommate: colectivo de lectores.

Sunday, August 28, 2011

Ahí viene la migra

Me fui broder, me jalé, medio engomado, con los ojos medio enrojecidos, sientiéndome medio balurde.

Me fui de Nicaragua y regresé a los Unay y al aterrizar--luego del mismo proceso de siempre, la interrogación por parte del oficial migratorio que planta minas cognitvas con preguntas altisonantes, la rebuscada en el aliño para ver si vas con droga porque sintieron el sospechoso olor nixtamalizado de los nacatamales congelados--me sentí como alguien que se queda viendo la tele por un largo período y luego se despierta de un sueño imaginado, medio confundido, lleno de pedazos de rosquillas Rivenses y Somoteñas, sentado en una mecedora de las que hacen en Masatepe, medio calenturiento, con un bigote de Rojita™ y una botella vacía de Ron Plata™ que brilla en la noche que no asustará.

Lo bueno es que me traje una buena cantidad de literatura, lo que me devolvió un poco de la realidad imaginada luego de aterrizar y enfrentar el miedo profundo de los Estados Unidos, un miedo que aterra pero del que no te podes escapar. Un miedo que encontré magnificado con el Huracán Irene.

Pero regresando a lo de los libros. Antes de despegar me fui a agarrar lo que pude de un retazo de la literatura nicaragüense contemporánea, la mayoría publicada por el CNE y uno que otro de editoriales hegemónicos (Alfaguara) o periféricos (Uruk).

Aprovecho el Festival de Blogs para compartir con ustedes unas cuantas críticas de estos textos, tentativamente una por semana o quizás más (o menos) dependiendo del tiempo y la destreza del Changarro Digital. Inevitablemente, estás reseñas serán producto de la migración y vendrán matizadas por el distanciamiento entre el terruño y el espíritu, entre el color local y el cosmopolitismo.

El Changarro Digital ha cambiado mucho en lo que va del año. Le cambiamos la pinturita que ya estaba pelándose y le hicimos un añadido al porche que se estaba cayendo despues del invierno pasado. Ahora logramos que nos dieran un prestamito y le vamos ampliar la sala y a cambiar los muebles de la cocina. Esperamos compartir con ustedes los avances y regresiones de este nuevo devenir.

Sunday, August 21, 2011

Marca País

Luego de citar una reciente encuesta, Arturo Cruz, procurador de galimatías y nimiedades circulares, afirmó que el gobierno más popular en el ideario histórico de los ciudadanos nicaragüenses (creo que Arturo los llamaría consumidores o clientes) es el actual gobierno del comandante Daniel Ortega, con un 52% de aceptación. Le sigue al Gobierno de Reconciliación y Unidad Nacional los gobiernos de los tres Somozas, con un 12% de nostálgica aprobación, fenómeno que para Cruz es sorprendente. "Increíble la memoria histórica de los nicaragüenses," apuntó.

Pero si calcamos el croquis que dibuja la frase de Marx, "primero como tragedia, luego como farsa," es fácil acercarnos a las revelaciones de estas estadísticas. Ahora, como nicaragüense y más aun como un nicaragüense burgués, estoy acostumbrado a numerosas frases que explican esta segunda cifra, ese 12% que continua recordando a la era somocista como el cenit de nuestra nación. Estas frases son variadas y coloridas y van desde las más predecibles ("Nicaragua antes era el granero de Centroamérica," "Había gente pobre pero nadie se moría de hambre,") hasta las más insólitas y descachimbadas ("Somoza tenia adoquinada a toda Nicaragua," o "Había corrupción pero era mínima y se respetaban las instituciones del estado"). Las frases son risibles y cansadas pero si se estudian a fondo es posible acercarnos al momento histórico que se nos avecina como una ola de una materia cuyo nombre mejor me reservo.

Pero regresemos a la frase marxista --un poco trillada por exceso de uso--sobre la repetición de los procesos históricos. Por estos días se celebró en Managua un foro de inversionistas que a todas luces fue un éxito rotundo. Según Arturo Cruz a pocos inversionistas les importa la honradez de las instituciones del estado y ven más bien un gobierno sumamente fuerte, con un horizonte ya trazado, lo que provoca un alto nivel de seguridad y confianza a corto, mediano y largo plazo. Así pues, vivimos un momento de bonanza económica, con unos niveles macroeconómicos insuperables y con un crecimiento sostenido. En otras palabras, Nicaragua vuelve a crecer como en los tiempones de la epoca somocista, ya que su perfil cultural forma las condiciones para que se asenten dictaduras que bajen el volumen de incertidumbre democrática y para que l@s nicaragüenses trabajemos en paz y en amor, con solidaridad y apertura cristiana.

La empresa privada, por su parte, recibe con beneplácito la tendencias fondomonetaristas del gobierno actual. El contubernio ha producido una asociación quasi-fascista entre los conglomerados nacionales y la administracion ejecutiva. En terminos ideológicos se estan gestando las condiciones para el establecimiento de la hipocresia generalizada, la del neoliberalismo con rasgos caritativos, socialistas (clientelistas) que describe el pensamiento de Slavoj Žižek:



Para el conglomerado de Casa Pellas, la hipocresía queda en evidencia con la frase "Cree en ti." Me imagino a uno de los cañeros tarareando la cancioncita ("Cree en ti, cree en ti, Nicaragua patria mía cree en ti") mientras se intoxica con una botellita de Caballito. Para el conglomerado de BANPRO, la hipocresia se reduce a los rialitos que le tiran a la fundacion Ortiz-Gurdian para importar santos y beatos de Italia para decorar las iglesias repletas de estomagos que croan como ranas al ritmo del Introibo ad altare dei.

Al fenómeno se le conoce como Marca País y tiene hasta su chica del mes en la forma de Adriana Dorn, la niña burguesa a la que no le importa la política pero si le importa su pais, su desarrollo ProNicaragua, y luego te vende con su sonrisa pizpireta un celular Claro y una Toña bien helada; no acepte imitaciones.

Saturday, August 13, 2011

Entre el bloguismo y el solipsismo

Todo comenzó con la sonrisa de un gato cuyo cuerpo desaparecía.

O mejor dicho todo comenzó en el año 1968, cuando los franceses, indignados, pedían la renuncia de Charles de Gaulle, mientras El Ché pernoctaba eternamente en un cuchitril Boliviano y Fidel Castro se pronunciaba en contra de la invasión Soviética en Checoslovaquia.

Porque no era la sonrisa del gato Victoriano o de la nymphet Alicia lo que veía , sino el documental del inigualable Chris Marker. El título original del documental es Le fond de l'air est rouge o El fondo del aire es rojo y consiste de un montaje impresionante de videos olvidados que juntos decantan el enfrentamiento entre la utopía febril y el escarnio estatal de este año tan central en la historia de la luchas sociales.



Absorto veía a un piloto norteamericano narrar el funcionamiento del napalm desde las alturas de Vietnam mientras a lo lejos se escuchaban los gritos de inversionistas en Wall Street cantando en unísono: Bomb Hanoi! Bomb Hanoi! Bomb Hanoi! La sombra de una niña envuelta en llamas se desfiguraba a lo lejos cuando me sonó el celular. Mi amigo me invitaba a su casa a tomar unas cervezas y a escuchar un poco de música. Le dije que llevaría mi computadora para que me pasara un poco de su extensa colección. Colgué, en la tele Fidel se desparramaba en una campiña Cubana y hablaba de la importancia de unificar la insurrección guerrillera con los partidos de izquierda.

Mi error fue pasar por el Supermercado a comprar unas cervezas. Regresé a mi carro con un 12-pack de Victorias y mi computadora ya no estaba. El llavín había sido forzado y la puerta de atrás estaba abierta. "Para que no sonara la alarma," pensé. Me acordé de todos mis archivos, de mi novela casi terminada, de las fotos... en fin, de todo lo que preocupa a los burgueses high-tech y de todo lo que había perdido por mi descuido. Hablar con los guardias del Supermercado fue inútil. Llamé a la policía, el operador se limitó a decir algo similar a "entonces es un chapeo..." y luego colgó.

Regresé a mi casa cundido de sombras. Consulté el diccionario a la antigua (abriendo el tomo incunable, levantando las hendiduras de cada letra, hasta llegar a la "C", luego la "H") y me di cuenta que un "chapeo" es un sombrero y que la etimología viene del francés chapeau. Hasta mis propias desgracias investigo, me dije y sombrereado aventé el tomo ya raudo.

Me duché, me tomé seis bichas y me rolié.

Luego se fue aclarando la imagen de "El Peca," y "El Pirrurris, ladrones de computadora que se las llevan a "El Sabio," alias de Carlos Dominguez, dueño del tramo C-45-78-99 cerca del Campo Bruce, el cual atrae a los chapeadores con un rotulo decidor: "Soluciones CompuMundo S.A.: Compra y Venta de Celulares y Computadoras." Dominguez les dice que la computadora es un gran hallazgo y les da $150 en billetes de 500 Córdobas, billetes rosados que "El Peca" y "El Pirrurris" dividen en la comideria "Doña Nerys," propiedad de doña Nerys Sarmiento Colindres, madre de "El Peca." "El Pirrurris" se despide con un abrazo de su secuaz y llega hasta su cuarto alquilado en el barrio Hugo Chávez, sonriente con su botín de billetes nuevecitos, rosaditos, colorados, que ahora despliega para Elizabeth Rojas, "La Cintillo," su compañera de vida que acaricia su barriga de 7 meses y se ríe con las locuras de su amado, quien ahora reúne su fortuna y la deposita en un tarro de Avena Quaker, bailando al son de la radio que "La Cintillo" mantiene encendida todo el día, regalo de "El Pirrurris" en los días calenturientos de su corto noviazgo.


Pero todo esto es digresión. Porque para este Changarro Digital entre el bloguismo y el solipsismo solo existen digresiones. Al fin y al cabo es el solipsismo lo que atrapa: se convierte en el hilo conductor del blog, especialmente en un país en el cual la tecnología se encuentra en las manos de unos cuantos pudientes, o en las manos de los cheles que vienen a tomar cacao en el Barceló.

Gran labor la de construir un Directorio de Blogs y la de celebrar la incipiente blogosgera nicaragüense. En fin, son menores los pecados de los Pecas y los Pirrurris en un país repleto de sátrapas y rechonchos voladores.

Monday, August 8, 2011

Parábola de la Víbora Sibilina

Pienso en la vida diaria en Nicaragua como un regalo empacado en celofán, un material que se derrite cuando los regalos quedan en el sol, en un terraplén de asfalto por el cual pasa cada uno retirando los regalos que se pegan en las manos de los regalados y muchos no logran abrir esta caja empacada en un celofán que se derrite y se pega a sus pieles. Aunque hay algunos que logran abrirlos a como pueden, con dientes o serpentina lengua ensalivada y todavía otros que logran que otros se las abran mientras la mayoría se queda en el terraplén asoleado sin saber que hacer con una caja bañada de petróleo transparente que arde en sus manos calcinándolas, dando lugar a gotas de sangre mezcladas con celofán.

Las mismas gotas que ahora caen audiblemente sobre el asfalto, formando serpentinos charcos que rebotan en la lejanía bajo el sol.

Friday, July 29, 2011

Economía


Todo lo había perdido en el boom. Los algodones aun poblaban las colinas estériles de la finca de su padre cuando se vio obligado a abandonarla, perderla luego de apostar en futuros, inestables promesas de compra-venta, que luego de la sequia no pudo cumplir. Alguna vez se había jactado que algún día todo el mundo se vestiría con las motitas blancas que ahora yacían inutilizables en la tierra seca, la tierra de Marzo y el calor de Semana Santa. Era—le había hecho una mueca su abogado el día anterior—una pérdida total.

Largas horas había cabildeado David aquel Jueves negro, su pesadilla hipotecaria. Desde representates de bancos estatales, a antiguos amigos de su padre, el heredero de la Fortuna de los Caceres había argumentado sobre el inmenso potencial textilero de su misera cosecha. “Vos mejor que nadie sabés, Arturo, que el precio tiene que subir en unas semanas, estas cosas son así.” Pero ahora que se retiraba de su propiedad por última vez se daba cuenta que lo mejor se avecinaba, que era demasiado pronto para rendirse, siempre hay segundos intentos en la vida, no solo en las películas, y era de ilusos llorar sobre algodones marchitos y desmotadoras desvencijadas. “Metele la pata Joselito, estos hijos de puta no saben con quién se están metiendo.”

Friday, July 15, 2011

La segunda edad dorada

Todavía recuerdo la voz dulzona de mi profesor de historia de los Estados Unidos. Era un Texano obeso, empapado de un conservadurismo espantoso. Aún a los 17 años podía reconocer en su vestimenta—pantalones cortos, camisas hawaianas, calcetines altos, gafas cuadradas de acero inoxidable, reloj Casio con calculadora—que era un gringo sumamente infantil, hasta temeroso.

En fin, a pesar de todo el Texano Republicano era buen profesor y en su clase aprendí mucho sobre la historia Estadounidense. Ya se habían caído las torres y nos hablaba sobre el crecimiento de la economía industrial en la segunda mitad del siglo XIX. Mark Twain la bautizó como la Gilded Age, la Edad dorada, porque aunque el crecimiento de la economía fue fenomenal, también creció exponencialmente la brecha entre los ricos y pobres, la corrupción, el amarillismo en la prensa, el trabajo infantil, en fin, todas las atrocidades que dejaron los robber barons: los Rockefellers, los Carnegie, los Firestones.

Ahora que los radicales del Tea Party amenazan con hundir la economía gringa caigo en la cuenta que la década de los 90 fue como una Gilded Age parte dos. Era la bonanza después de la caída del muro (siempre se están cayendo las estructuras), los albores del internet y el apogeo de la tercera vía neoliberal.

Eran tiempos más simples, cuando en vez de preocuparnos por el apocalipsis financiero escuchábamos el nuevo CD de las Spice Girls y seguíamos paso a paso la saga Clinton-Lewinsky. El siguiente video decanta esta segunda edad dorada en menos de dos minutos, con la Suzanne incomparable de Leonard Cohen.

Saturday, July 2, 2011

Es la ficción

Patricio Pron. El mundo sin las personas que la afean y lo arruinan. Barcelona: Mondadori, 2010.


“En este momento hay un parque diversiones muy bullicioso en frente de mi hospedaje,” escribe el Dr. Charles Kinbote, el misterioso editor del último poema de John Shade en Pálido fuego (1962), la alucinante novela experimental de Vladimir Nabokov. Esta enigmática oración—arbitraria, innecesaria y hasta vulgar—es una de las primeras señales de que algo no anda bien con el Doctor Kinbote y que sus nostálgicas notas editoriales sobre su juventud en la tierra ficticia de Zambla, tienen nada o poco que ver con el poema autobiográfico de John Shade.

En un aside igualmente imprevisto y arbitrario, el narrador de “Contribución breve a un diccionario biográfico del expresionismo” revela que la ópera expresionista Die ersten Menschen [“Los primeros hombres”] de Ludwig Rabiner “será el objeto de estudio del ensayo acerca de todas las óperas expresionistas que algún día escribirá algún doctorando ocioso de germanística.” La irónica frase nos remite a la biografía “real” (¿realista?) de Patricio Pron, autor de la colección de relatos El mundo sin las personas que la afean y lo arruinan. Al igual que las enigmáticas notas del Dr. Kinbote, la revelación autobiográfica del narrador de un “Diccionario biográfico” desestabiliza el limite tradicional entre realidad y ficción. No obstante, la revelación es también una pista falsa en un relato que oscila entre realidades biográficas y construcciones ficticias (¿ficcionales?). Al igual que Nabokov, Pron se regodea con la formalidades lexicográficas de libros académicos (como los diccionarios biográficos) y produce un relato “posible sobre los escritores que sirven a otros de inspiración y consuelo, esto es, un breviario laico para escritores en forma de breve diccionario biográfico…”

Esta demostración de escritura limitada en “Diccionario biográfico” me lleva a pensar en la influencia de los experimentos de Oulipo de Raymond Queneau y François Le Lionnais. Pero esta caracterización no seria suficiente para ahondar en los variados rasgos que forman este relato, ni mucho menos para abarcar a los otros relatos de El mundo sin las personas que lo afean y lo arruinan. Con alusiones a Raymond Roussel, Goethe, Alfred Döblin, Milan Kundera, las vacas de Aalbert Cuyp, Jorge Luis Borges, Henry Miller, E.T.A. Hoffman y numerosos paisajes urbanos y rurales de la Europa de la posguerra, el libro de Pron viene empapado de una erudición que raya en lo ridículo: es la erudición de escritores que participan en el afeamiento de un mundo ya de por sí muy feo y arruinado. Si me viera obligado a escoger una imagen que describa a esta colección escogería una foto en blanco y negro; la foto de un niño vestido de manera ridícula en un terreno desolado.

Tuesday, June 21, 2011

Hablemos del Idioma


Son cortas las caminatas nocturnas del exiliado. Se la pasa uno caminando por calles que, surprise, surprise, tienen nombre y apellido.

Pero aún así no se les conoce.

Insuperables, en este sentido, las reflexiones de Ricardo Piglia sobre sus caminatas nocturnas en Princeton:
Había dejado de tomar alcohol y tenía pequeñas perturbaciones que me producían efectos extraños. No lograba dormir y en las noches de insomnio salía a caminar por las calles vacías. El pueblo parecía deshabitado y yo me internaba en los barrios oscuros, como un espectro. Veía las casas en la claridad de la noche, los jardines iguales; oía el rumor del viento entre los árboles.
Se abriga uno con la perífrasis de una lengua extraña, en este caso el inglés, una lengua que nace de las guerras entre grupúsculos medievales: Anglosajones y Normandos enfrentados en una guerra de rosas inacabable; las postrimerías de un estado fallido con miras hacia una perenne desunión, tipo Alemania o Bélgica.

(Ahora escribo en mi, em, ordenador y la plaga inglesa se esmera con el subjuntivo.)

Esta lengua híbrida, hija de vikingos harapientos--poseída por un apetito omnívoro y rapaz--se ha tragado ya a varios (Conrad, Nabokov) de los grandes cross-overs; son presencias que aumentan los triglicéridos de una lengua que ya de por si es la lingua franca global: obesa, rotunda.

Celebro los esfuerzos teóricos de Tim Parks, quien en un esbelto artículo en el New York Review of Books, despabila la insolente modorra maniqueísta (o estás con Sancho o con Falstaff) y describe "el esqueleto inglés" de la novela plenamente globalizada. "Tengo la impresión," escribe Parks," que nos estamos dirigiendo hacia un nuevo desenlace en el conflicto entre lingua franca y lengua vernácula..." Es decir, que existe espacio suficiente para ambas expresiones, vengan de machigües lingüísticos à la Junot Diaz o del gongorismo más separatista y ateperatado.

Sunday, June 19, 2011

Walter Benjamin: Three Studies





Thursday, June 16, 2011

La Jerga de la Autenticidad


Es imposible que pueda recomendar algo tan irrecomendable como una pelicula de Michael Haneke. Es decir, por favor, que son esas ñoñerías pequeño-burguesas con las que uno se atreve a recomendar lo esto y lo otro, ayudando así al mismo sistema que hace posible la esclavitud de la materia y sus atributos.

"Que bonito tu reloj, donde lo compraste?"

"Ay, vengo de Nueva York, si vieran que lindo los edificios."

"Siempre me han gustado los pantalones de ese estilo."

Por dios, usemos las contradicciones contra el enemigo, no admiremos las cadenas que nos escandalizan.

Pero como iba diciendo, las peliculas de Haneke: pedazos de basura tirados al rostro del televidente, el sujeto que realmente no existe, el cineasta ensimismado en ser repelente como protesta: al consumidor me lo paso por los huevos.

Como en Benny's Video. La obsesion de un adolescente con una imagen en particular, una imagen que ensaya una y otra vez en su monitor, review, fast forward, fort-da. Es la imagen de un cerdo a punto de morir, grabada por Benny en la granja de sus padres adinerados. Le encanta ver la parte en que el cerdo, ya muerto, menea sus patitas, de atras hacia delante, en el piso ensangrentado.


El cerdo ensangrentado es un zombie, sus patitas se menean porque aun tiene algo de vida. De cierta manera, Benny habita el mundo real como un zombie. Frecuenta lugares como McDonalds, lugares que traicionan la distinción tradicional entre lo privado y publico: lugares donde la lógica irracional del capitalismo han llegado a su punto cumbre.



Un combo para el individuo individualizado como parte de la masa colectiva que logicamente disfruta de lo generico y lo uniforme: un cuarto de libra, 1.5 litros de agua con colorante.

Thursday, June 2, 2011

Todos vigilados por máquinas de amorosa gracia


Nuevo documental de Adam Curtis. Como siempre, su verborrea esconde sus debilidades intelectuales. Pero le da duro a personajes execrables como Ayn Rand y Buckminster Fuller. Pero sobre todas las cosas desmitifica la teoria de sistemas utópicos con excelentes imagenes y con un soundtrack insuperable.

Monday, May 2, 2011

Apocatástasis y cataplasmas


Ahora sigo las noticias de Nicaragua con la seriedad y fervor mariano de un filatelista, un coleccionista de pequeños actos de corrupción y desenlaces. El otro día me acorde del FUAC, el otrora frente unido Andrés Castro del triangulo minero, el mismo que amenazaba con pertrechos de los ochenta al gobierno liberal y por ende la estabilidad de las privatizaciones de los noventa y su receta; la misma que había llegado al extremo de privatizar la recolección de basura de la capital, provocando la invasión de un sequito de carritos verdes IDROJETS sobre Managua atiborrada, hasta que la compañía italiana se aburrió, quedando los carritos como souvenires del campesino urbano. Era como si una cuchilla dividía la semilla: el mundo se venia acabando y lo vaticinaban los fondomonetaristas en los informes que anunciaban también la toma del INISER de la Paz Centro por el frente unido Andrés Castro. Pienso en la historia con la seriedad y satisfacción de un filatelista en un su senectud.

Por lo que me complace ahondar en la propuesta de nuestros últimos días. Por esas contingencias de la historia, he empezado a trabajar en este texto durante la alharaca sobre la muerte del terrorista cuya celebridad me permite obviar su nombre al final de esta oración. Porque lo que han vendido los apotecarios de los medios ha sido la muerte de bin Laden como la conclusión de la primera década del nuevo siglo: si el 11-S marca el principio del trauma, el ajusticiamiento funciona como un cataplasma sobre la llaga, sellando la década (2001-2011). Cóncavo y convexo: el sujeto y predicado que demanda la lógica del tiempo. Es una reducción o segmentación en décadas que afecta también al quehacer literario, particularmente a una incipiente generación de escritores nicaragüenses, una generación que desafortunadamente ha caído en el abismal nombre de generación del desasosiego, termino amorfo cuya etimología y uso desconozco, pero que en ocasión me he visto obligado a usar a falta de otras opciones.

No hay mejor horizonte como el que que amenaza a nuestro entorno, por la misma razón que no hay línea horizontal que no sea también una línea vertical. No hay mejor horizonte que el Apocalipsis, como los mapas medievales en cuyos horizontes perfilaban dragones y bordes de marfil: el borde de una piscina a punto de desbordarse. El Apocalipsis es una sopa a punto de ebullición. La generación apocalíptica espera una copa de la conclusión de la gesta heroica, en la cocina preparan la sopa de res y le dan su sazón. La generación apocalíptica, sentada sobre la mesa, es la generación que espera la sopa, el desenlace del punto de ebullición, pero la sopa de res no llega. El fruto de la gesta heroica ya nunca va a llegar, pero la generación apocalíptica espera, porque en su entorno son los adventistas perpetuos.

El apocalíptico hace muchas otras cosas, pero sobre todo espera. Sueña a veces con lo que venden los narradores: una posibilidad de apocatástasis que siempre esta surgiendo bajo la superficie del texto. Pero espera sobre todo porque odia las conclusiones, como quien odia la promesa terapéutica de los ungüentos, eventos, sopas y cataplasmas.

Imagen: tomada de Santa Sangre (1989), Dir: Alejandro Jodorowosky

Wednesday, April 20, 2011

Hyperparanoidal



Yo se que los socialistas han estado traveseando con mis hyperlinks. Desde hace meses, horas, días incontables, llevo preparándome—es decir procesando—la idea de empezar una pagina en Wikipedia sobre la teoría del trabajo y definir de una vez por todas la línea absurda entre valor de uso y valor de cambio.

Iba a ser un gran panorama de sendos epítetos positivas, ornamentado con estadísticas y referencias del Banco Mundial, Transparencia Internacional y la Sociedad Mundial de Numismática. Seis meses y medio después me doy cuenta que los marxistas han empezado la pagina que yo soñaba, atiborrándola con sus bravuconadas contra el intelecto intuitivo: luz de luz, dios verdadero de dios verdadero, engendrado no creado, de la misma naturaleza de la mercancía, que procede del padre y del hijo, que con el padre y el hijo…

En fin, mi tiempo de trabajo socialmente necesario, quedara en el hormiguero de los Trotskistas—todo siempre queda en las manos de los trotskistas. Trotsky es un hyperlink en la historia del socialismo, hasta allí llegan las capacidades del archivo: nuestro conocimiento queda relegado a la distancia entre un url y otro.

Sunday, March 20, 2011

La casa de Chema Castillo



“Claro, prosiguió a estipular el Sr. B, tenes que ver ambos lados de la cuestión. Es bien difícil establecer cualquier parámetro que establezca las reglas buenas de la malas pero siempre habrá cosas que mejorar, aunque todos los países, como dicen, incluyendo el nuestro, tienen los gobiernos que se merecen.”

—James Joyce

Así se la pasa Leopoldo Bloom en el Ulysses de Joyce. Cuando no está comiendo hígados de cerdo, masturbándose o pedorreándose, se la pasa tratando de buscar formas pragmáticas de mejorar a Irlanda. No le interesa la ideología ni la revolución, sino el pie de amigo, la gotera, las cuentas claras. Llega al cementerio a enterrar a Patty Dignam y piensa que sería buena idea instalar unos teléfonos en los ataúdes, por si acaso el occiso se despierta y desea ser rescatado de morir asfixiado. Le preocupa que Stephen Dedalus frecuente los burdeles de Dublin y se le ocurre que es importante establecer una comisión que regule la salud sexual de las prostitutas. Si Dedalus es el espíritu artístico, Bloom es el espíritu práctico. “Nunca entendí porque al final de la noche ponen las sillas patas para arriba en los restaurantes,” le dice Dedalus a Bloom, quien le contesta en un santiamén. “Es para que puedan limpiar en la mañana.”

Y me pregunto, ¿qué cosas pensaría Bloom si viviera en la Nicaragua orteguista, en el año 2011? No viviría en los suburbios, eso esta claro, sino en un vecindario más o menos central y de clase media, una casa en Altamira o Los Robles, una casa con espacio suficiente para que la Molly Bloom haga sus fechorías con Blazes Boylan, cuyo nombre podría ser algo así como Arduino Fogoso, miembro de Macolla o La nueva compañía. Asi es, Leopoldo Flores viviría en Los Robles y no leería los periódicos ni tampoco tendría automóvil. Se despertaría muy de mañana a comprar el desayuno en la pulpería de la esquina y caminaría hasta su trabajo en el edificio Pellas. No tendría opiniones políticas pero si muchas sobre el desorden vial, la basura, los perros abandonados y los trabajadores por cuenta propia.

Leopoldo Flores no tiene opiniones sobre la selección de Halleslevens como vice del comandante. Pero aún recuerda la noche que invadieron la casa de Chema Castillo. Cada mañana que pasa por la casa de Chema Castillo o Restaurante Parrilladas, le entristece ver que no hay nada de memoria colectiva. Piensa que seria bueno convertir al restaurante Parrilladas en un museo social, una “casa-museo” con fotos del comando, fotos de la antigua burguesía codeándose con la diplomacia, dioramas de las muchachitas de ‘gente bien’ departiendo con guerrilleros que buscaban un mejor futuro para su país. Pero el lugar solo sirve de hartasca de Parrilladas y frijoles refritos. Piensa: se le podría llamar el museo Chema Castillo, no, el museo German Pomares, no, el museo a la división social, si, “Casa-museo de la división social nicaragüense."

Regresa Leopoldo Flores con Esteban Dédalo intoxicado, luego de haberlo encontrado en “El Elite,” gastando sus riales. Son las dos de la mañana y en la esquina de Chema Castillo, en la esquina de las Parrilladas, levantan las sillas para que no estorben mañana, para que mañana sea más fácil limpiar el embaldosado: limpiarlo de toda la sangre, de toda la grasa.

Tuesday, March 8, 2011

Great minds think alike

SUMMA CONTRA GENTUZA

No escribo por vanagloria. Escribo
para confusion de mis enemigos.

Para que cuanto haya y deba ser dicho
sea--con mala leche--bien escrito.

--CMR
alta
mira
1994