Wednesday, June 16, 2010

Gavrilito Princip



Fue Alexander Hamilton el que se desangró largamente (mientras respiraba el aire impregnado de mierda de vaca). Quizás pensaba en la imperiosa necesidad de desprenderse de las costumbres medievales en el nuevo contexto federalista.

Pero ya nadie recuerda a Aaron Burr, prócer mas bien alcohólico, cuyos sueños etílicos jugaron un papel aún mas importante que las ideas monetarias del Sr. Hamilton. Y esto ocurre con frecuencia. Ya nadie recuerda la proeza de John Wilkes Booth, pero en todos lados se escucha el nombre de Rigoberto López Pérez. Si se viene del Memorial Sandino, el visitante de la capital acuífera (léase Managua) se encontrara con rimbombantes arcos de cemento que encierran un altar a la remilgada figura del ilustre ajusticiador.

Propongo que de ahora en adelante las calles de la capital nicaragüense lleven nombres de figuras olvidadas. Seria excelente bajar por la Avenida Gavrilito Princip, doblar sobre el Paseo Isabel Martínez de Perón, y seguir sobre el Bulevar Klaus Barbie hasta dar con Repuestos "La 15."

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