Wednesday, November 3, 2010

Alegoría y engaño


Ni los grandes corregidores eclesiásticos de la contra-reforma española pudieron haber diseñado un sistema tan exacto como el nuestro. Para ellos lo importante era el color del vestido de la Concepción, el número de estrellas en su corona celestial, el ángulo del corvo dedo sobre la cabeza del dragón: detalles así, pequeños en sus exigencias aunque exactos en su observancia.

Ahora prolifera una multitud de dialectos exactos que se cruzan y entrelazan, reglas postizas, teorías anegadas en historias e historias repletas de morfemas y puntiagudas tildes. Pero el rigor es el mismo, aunque mas exacto en sus demandas desmesuradas: quiere la significación de todo, absolutamente todo, desde el desmadre original al despelote del Noviembre 2008. Lo que nos queda del artista es mas o menos el "Aquel que entiende" de Paul Klee.

Pintado en 1934, sobre lo que se asemeja a un rollo desplegado de papel higiénico, el dibujo de Klee es el signo viciado, la broma mal hecha y la tragedia cómica en un solo trazo. Un trazo tan austero que su semejanza a la ubicua happy face de nuestros días nos aterra. Rezamos por los demonios alegóricos, por los capuchinos cubiertos de pintura, le cantamos a la Concepción el engaño necesario del tu gloria tu gloria, gozoso este día... Lo único que nos queda--aparte de las correspondencias--es el quejido que publican nuestras voces.

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