
Hace algunos meses, nuestro comandante--que además de ser un habilidoso estadista es también un cinéfilo ateperetado--aludía a la película "El Teniente Corrupto" durante un colorido discurso en ocasión del 30 aniversario de la Policía Nacional.
Recuerdo haberme sentido invadido por un sentimiento de confusión, pero también de profunda admiración, ya que después de todo no son muchos los presidentes que ademas de mantener una apretada agenda de trabajo, se mantienen al tanto de los estrenos en la cartelera mundial. Así que decidí tomar la recomendación de nuestro sabio mesías muy en serio y me senté a analizar la nueva puesta en escena del director Werner Herzog.

Luego de tres horas en las que Nicolas Cage se pasea por New Orleans aspirando cocaína, retoza con una puta de buenos sentimientos (Eva Mendes) y descubre que el fracaso es igual o más ilusorio que la victoria, me di cuenta que nuestro comandante no había visto la misma película. Quizás se confundió y se refería a la película original de Abel Ferrara , versión moralista, divorciada de la locuacidad de Herzog.
Y es que en los numerosos asides de tinte absurdista que interrumpen las aventuras de nuestro héroe cocainómano, Herzog nos presenta la fragilidad de una mente intoxicada por la paranoia del poder y por los delirios de una empresa maquiavélica y perversa. "Ahí no hay un garrobo," le dice Val Kilmer a un Nicolas Cage extasiado de potencia.
Ojalá que el comandante se tome el tiempo de seguir sus propias recomendaciones y mire esta joya cinematográfica de un alemán que nos ha regalado ya varios de sus delirios. Ojalá que el comandante, luego de guardar la copia pirateada en su amplia colección, se mire al espejo y se pregunte: ¿Serán reales los garrobos que veo cuando manejo en mi Mercedes por Managua?



