Tuesday, August 30, 2011

Chimbomba de hule en la boca de un niño

Daniel Rodríguez Moya (editor). La poesía del siglo XX en Nicaragua. Madrid: Visor libros, 2010. 534 págs.

El mal que nos hiciste, ¡oh maestro!
Porque en tus filosofías de culebra
guindadas de unas ramas nos dejaste tus mudas
Que vistieron después los papanatas.

El anterior epígrafe es creación de Manolo Cuadra, quien junto a José Coronel Urtecho, Luis Alberto Cabrales y Joaquín Pasos, entre otros, formó parte del denominado Movimiento de Vanguardia nicaragüense (1925-1932). Cuadra murió joven, habiendo publicado solamente una colección de poemas, pero sus versos—tomados de su irónica oda “A don Rubén Darío”—galvanizan el problema central de una generación que deseaba tomar distancia del modernismo y sus excesos. El problema dariano es añejo en la literatura nicaragüense aunque notablemente relevante, ya que la figura canónica de Darío—su sombra y su vórtice—presenta, por decirlo así, una seria de complicaciones. En las palabras del propio Coronel Urtecho, la Vanguardia buscaba “ser irrespetuosa con los cisnes.”

Por lo que no sorprende que en la nueva antología de Visor Libros, La poesía del siglo XX en Nicaragua, el editor Daniel Rodríguez Moya haya decidido incluir solamente seis poemas de Darío, particularmente los más famosos y representativos de su obra. Es una decisión difícil y problemática pero en última instancia loable. La elaboración y negociación de una antología, en este caso una antología nacional, es similar a los de una decisión catastral: el espacio es limitado y es necesario construir un gran panorama del quehacer poético de todo un siglo.† Por suerte la decisión editorial de Rodríguez Moya reserva espacios para poetas menos conocidos como Manolo Cuadra y Alberto Cabrales, creando así un panorama más o menos completo de la reacción anti-dariana. Igualmente laudable es la decisión de dejar espacios para la poesía femenina, con selecciones de Vidaluz Meneses, Blanca Castellón y Gloria Gabuardi y de incluir a voces mas jóvenes, como es el caso del recién fallecido Francisco Ruiz Udiel (1977-2010) y Carlos Fonseca Grigsby (1988). En el último poema de la antología, Grigsby promulga un exordio dariano:

Yo poeta, en este siglo de sombras—
Yo, que soy verbo ebrio en movimiento—
destino errante:
con un destino de sombra
y un errante de luz.


Es una feliz coincidencia que el poema de Grigsby se titule “Lo que en el diario no cabe,” ya que lo que no cabe—lo cabido y lo indebido—es el problema central de toda antología. Como parte de la colección de poesía hispanoamericana ‘La Estafeta del Viento,’ el proyecto de Rodríguez Moya está sumamente ligado a lo representativo de la poesía nicaragüense. Sería fácil sugerir, por ejemplo, una selección mas atípica de la obra de Darío, pero la colección desea establecer una lógica definida y la reverberación del lenguaje modernista es uno de sus parámetros críticos. Como nos explica nuestro editor:
Este trabajo pretende ofrecer ni más ni menos que una selección de la obra de casi una treintena de poetas nicaragüenses a partir de Rubén Darío hasta llegar a los mas jóvenes que empiezan ahora a buscar su huecos dentro de su propia tradición.
Esta última selección de poetas jóvenes es denominada la generación del desasosiego‡, agrupación que parece no encajar en la tradición pero que al mismo tiempo dialoga con sus antecedentes en la poesía nicaragüense. Si Darío presenta el elemento estético y cultural ineludible, la complicada historia política y social del país marca la trayectoria poética en la segunda mitad del siglo XX. Sorprende, por ejemplo la gradual compenetración del quehacer poético y el compromiso social en figuras como Ernesto Cardenal y Claribel Alegría y la elaboración de un mito nacionalista, rural y conservador en la poesía de Pablo Antonio Cuadra. Pero la verdadera sorpresa de esta nueva antología es la selección de poetas menos conocidos afuera de Nicaragua, como es el caso de Joaquín Pasos, quien como el antes citado Manolo Cuadra, murió prematuramente tras una larga enfermedad. En “Grande poema del amor fuerte,” nos ofrece el espíritu refrescante del joven enamorado:

Por la calle, yo llevo mi amor como una
faldera,
amarrada del pescuezo por un hilo,
y ella se abraza a la calle
y dibuja la silueta del terreno.

Crece, crece, pompita de jabón.
Jocote en la punta de una rama madura,
botella del vidriero,
chimbomba de hule en la boca de un niño.


Pasos fue miembro fundador del Movimiento de Vanguardia, pero sus versos resaltan por su extrañeza sinestésica así como por el tono trágico característico de sus poemas, entre ellos su largo “Canto de guerra de las cosas.” Pasos vendría a ser una de las voces alternativas a la línea de corte exteriorista de Coronel Urtecho y Ernesto Cardenal y se convertiría en la inspiración del poeta que no quería ser poeta; el poeta huraño: Carlos Martínez Rivas.

En su “Canto fúnebre a la muerte de Joaquín Pasos,” Martínez Rivas destila la irónica posición del poeta entre el individualismo y la colectividad:

Una mañana te llevaron a una peluquería, en
donde
te sentaron muy serio, y todo el tiempo
te portaste como un caballerito
y bromearon contigo los clientes. Todo esto
mientras te cortaban los bucles y te hacían
parecer tan distinto.


Misántropo y desconfiado del mercado poético, Martínez Rivas publicó solamente dos poemarios a lo largo de su vida y no fue sino hasta hace unos pocos años que se logró recopilar su Poesía reunida (2007). Pero además de resumir el dilema existencial del poeta, los versos de Martínez Rivas también describen la problemática del antólogo: ¿Cómo cortar los bucles de un corpus nacional sin sacrificar la variedad y calidad del corte? Si bien la antología de referencia—la cual Rodríguez Moya elogia en su introducción—sigue siendo la edición de Julio Valle-Castillo, El siglo de la poesía en Nicaragua (2005), sus cuatro volúmenes no permiten la satisfacción de notar los cambios paradigmáticos en la poesía más representativa del siglo. Construida como una exposición de la variedad de la poesía nicaragüense, la antología de Rodríguez Moya logra su cometido. La congregación de estas 28 voces presentan una muestra pequeña y sucinta de lo que significó hacer poesía en la Nicaragua del siglo XX; un quehacer mejor descrito en el famoso axioma de Martínez Rivas: “Hacer un poema era planear un crimen perfecto.”

†Para un análisis incisivo de las antologías poéticas y su lugar en el quehacer literario nicaragüense veáse Las Antologías y el Problema del Texto Emblemático de Leonel Delgado Aburto.

‡Este nombre generacional fue acuñado por la escritora nicaragüense Gioconda Belli. Me parece que el nombre amerita revisión y por mi parte prefiero el mote de generación apocalíptica.

Reseña publicada en El Roommate: colectivo de lectores.

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